Dos obsesiones que primero toman forma de cuerpo de mujer y luego de pintura en la pared. Después, la idea se sigue extendiendo en forma historia que se cuenta porque nunca te la has podido borrar del todo de la sesera. Si todavía no has perdido la cabeza, toma tu pequeña obsesión y haz una ópera, una película o una mezcla de ambas. Y vuelta a empezar.
La Traviata (Franco Zeffirelli, 1982)
Laura (Otto Preminger, 1944)